Introducción
Una
ola de revisionismo recorre el mundo al tiempo que un mayor número
de personas descubre la existencia de diversas formas de producción
y relaciones económicas -que en forma conciente o inconciente
por parte de quienes las practican- se oponen de raíz al
imperio de la propiedad privada: empresas cooperativas, intercambios
directos o trueque; prácticas que se alzan frente a la
hegemonía monopólica de las monedas nacionales que
sirven a la consolidación del modelo capitalista de
apropiación y concentración de la riqueza.
Tales
sistemas o modos de relación se difunden como “economías
alternativas”.
En
este artículo intentaré demostrar que esas distintas
formas de producción y relaciones económicas son las
que se inscriben en la naturaleza sana de los seres humanos mientras
que las relaciones capitalistas constituyen la economía
alternativa que degeneró en una enfermedad que destruye todo a
su paso, como un virus, y que sólo su situación de
preeminencia por el uso de la fuerza le permite formalizarse como la
economía natural.
Estas
notas continúan pues la línea de análisis del
artículo “Formas de producción alternativas: el
trueque como sistema solidario y cooperativo”, publicado en
Margen Nº 20 de diciembre de 2001.
El
crack financiero internacional de 2008 y la gran crisis económica
que sacude al mundo son motivo más que importante para
continuar en este camino de recuperar los valores humanos como la
solidaridad y la cooperación, el respeto a la naturaleza, el
amor por la paz y la belleza.
De
más está decir que esta gran “crisis”
confirma cabalmente la certeza de los millones de seres que han sido
protagonistas de la historia luchando desde todas las formas posibles
por la libertad y la justicia, para que continuemos pensando que
“otro mundo es posible”.
Un
mundo en “crisis”
Desde
la publicación del artículo “Formas de producción
alternativas: el trueque como sistema solidario y cooperativo”
, muchas cosas han ocurrido en un mundo golpeado por una situación
que los mismos responsables denominan graciosamente “crisis”,
fenómeno que debería ser considerado como una situación
planificada y ejecutada con mucho cuidado y que constituye el mayor
robo perpetrado contra la humanidad en toda su historia.
Miles
de millones -dólares en USA y euros en Europa- han sido
transferidos desde los gobiernos pseudo representativos a las grandes
empresas, especialmente la banca privada, con el fin de sostener el
sistema crediticio. A plena luz del día y sin los trucos que
utilizaría cualquier mago para ocultar su acto, los gobiernos
defensores de la libertad de empresa han determinado hacer pasar -a
la vista de todos- la riqueza de sus pueblos a las manos de quienes
quebraron en forma fraudulenta sus negocios públicos.
Negocios
públicos – negocios privados
Me
detengo un momento en esta cuestión que no es menor.
En
este caso, la expresión público no hace referencia a
aquello que es del “común”, que es de todos
(Público:
perteneciente o relativo a todo el pueblo). Al decir que la banca
crediticia quebró sus negocios públicos me refiero a
aquello que nos dejan conocer (Público:
notorio, patente, manifiesto, visto o sabido por todos).
Esta
faceta pública de la banca crediticia no es menos perniciosa
que la que se oculta detrás de los acuerdos signados en
despachos ministeriales o presidenciales; acuerdos que permanecen en
el ámbito privado desde que no se dan a conocer al vulgo, por
razones obvias.
El
fundamento de los negocios visibles -sólo legales desde la
óptica del capitalismo- no es otro que la ganancia generada
por el secuestro extorsivo del dinero o bien por la apropiación
del excedente producido por las economías de los países
subdesarrollados.
Parece
una broma de mal gusto o un juego de palabras, pero lo cierto es que
en este inicio de milenio, al mejor estilo romano, quienes fundieron
sus empresas recibieron -como premio- fondos públicos de los
Estados, que podrán prestar luego a sus legítimos
dueños “los ciudadanos” y cobrarles intereses y
comisiones por ello, para mantenerlos atados a ese fenomenal y
perverso circuito doméstico de dominación financiero
económica.
Resistencia
Las
grandes empresas capitalistas han logrado el dominio de los Estados y
perfeccionan día a día el manejo de los resortes
políticos en el marco de un sistema al que denominan
impúdicamente “Democracia”, al que designan como
el espacio natural y marco más propicio y necesario para el
desarrollo de las libertades individuales.
Ejércitos
de soldados, pero también de abogados, políticos
profesionales y comunicadores sociales sirven a sus fines. Lo que no
pueden comprar lo acorralan, persiguen y dominan, cueste lo que
cueste.
Al
cabo de 2.000 años, los detentadores del sistema lograron
grandes triunfos. Los perdedores, sin embargo, no han muerto en la
batalla. Constituyen la mayoría de la humanidad, la que sólo
en apariencia ha cedido el campo.
Los
grupos concentrados de la economía mundial -con el uso de
métodos que incluyen la violencia ejercida por los aparatos
militares de los Estados- confirman e intentan sostener por todos los
medios que no hay existencia posible fuera de ese modelo de
acumulación y desigualdad. Pero su problema renace toda vez
que los millones de seres humanos que se hallan cada vez más
lejos de una vida digna, espectadores de la destrucción de los
recursos naturales y explotados hasta la esclavitud, se empeñan
en vivir. Y para vivir se aferran a las cuestiones más
elementales, más vitales, por lo que surge -en consecuencia-
la necesidad de encuentro, solidaridad y cooperación.
Cuadro
de situación
Los
gobiernos latinoamericanos impusieron durante la década del
'90 la entrega y malventa de las empresas estatales, fundadas y
desarrolladas con el esfuerzo de generaciones.
Se
trató de una ola de “privatizaciones” en el marco
del proceso conocido como neoliberalismo.
Esas
acciones pudieron efectivizarse sin oposición popular, ya que
la resistencia al imperialismo había sido aplastada con gran
violencia durante los procesos de las múltiples dictaduras
militares que culminaron en América Latina durante la década
del '80.
Estos
procesos militares determinaron la destrucción de los aparatos
productivos y de los sistemas educativos y redes sociales, la
anulación de los movimientos políticos y gremiales y un
feroz endeudamiento externo que imposibilitaba el crecimiento con
desarrollo.
Tal
cuadro de situación poco podía colaborar para realizar
una democracia participativa.
Al
respecto, analizando el rol del Estado, Guillermo O'Donell (quien
acuñó el término “democracia delegativa”,
estudió el fenómeno de la baja intensidad de la
ciudadanía y adelantó la muerte lenta de las
democracias) señaló: “los
ciudadanos y ciudadanos tenemos un derecho público e
irrenunciable al estado. Pero no a cualquier estado; tenemos derecho
a un estado que, mediante el logro de niveles satisfactorios de
desempeño en sus cuatro dimensiones se convierte no sólo
en promotor del desarrollo económico y la equidad social sino
también en promotor y garantía de los diversos aspectos
de la ciudadanía-política, civil, social y
cultural-entrañados por una democracia de suficiente plenitud
y calidad. Este tipo de estado es el ancla indispensable de los
derechos de ciudadanía, inscriptos en su sistema legal,
implementados por sus respectivas instituciones, promovidos por su
credibilidad y facilitados por adecuados filtrajes. Los derechos no
existen en el aire o sólo en los discursos; ellos realmente
existen y pueden ser demandados en su vigencia cuando son inscriptos
e implementados por un buen estado, un estado de y para la
democracia...”
El
copamiento del Estado produjo entonces un cambio notable de paradigma
en nuestras sociedades, al aceptarse los endeudamientos ílicitos
y la destrucción económica como hechos irreversibles;
la debilidad del Estado y la sociedad frente al poder de las
empresas, el descococimiento de derechos, la corrupción y todo
aquello que nos sentencia a padecer las injusticias propias de un
sistema feudal.
La
corrupción no es condición particular del subdesarrollo
Pareciera
que nadie en el mundo entra en pánico o hace sonar la alarma
cuando se conocen casos de corrupción, de autoritarismo, de
violencia ejercida por el Estado, “en
cualquier país subdesarrollado”.
Se argumenta que esas evidencias no son otra cosa que las mismas
razones que crean, impulsan y condicionan tal situación de
subdesarrollo y pobreza.
Como
dice Nicomedes Santa Cruz:
“Todos
se quejan:
—¡Ah,
si en mi país no hubiese tanta política...!
—¡Ah,
si en mi país no hubiera gente paleolítica...!
—¡Ah,
si en mi país no hubiese militarismo,
ni
oligarquía ni chauvinismo
ni
burocracia ni hipocresía
ni
clerecía ni antropofagia...
—¡Ah,
si en mi país...”
Sin
embargo, los libros de Historia reflejan innumerables magnicidios,
golpes de estado, golpes financieros, guerras y uso de la violencia
hacia el interior o el exterior, que han ocurrido en los países
más desarrollados. Quizás por “reflejar” y
expresar al bando ganador, estos hechos gozan de un tratamiento
benévolo por parte de quienes están en condiciones de
enjuiciar tales actos: responsables de medios de prensa e
instituciones educativas, intelectuales en general.
El
siglo XXI se caracteriza por la masividad en las comunicaciones,
especialmente a partir del desarrollo de la TV satelital e Internet.
Llama la atención la forma en que se siguen ocultando las
evidencias de los crímenes que cometen a diario las grandes
corporaciones y los detentadores del poder en los Estados
desarrollados de la Tierra.
La
propiedad de los medios masivos de comunicación o la compra de
espacios publicitarios para acallar cualquier voz crítica
explicarían ese silenciamiento, complementado por la escasa
resistencia que se desarrolla en los ámbitos educativos,
espacios propicios para el estudio crítico de la realidad y
que continúan copados por la ideología dominante para
“moldear” a su imagen y semejanza a las nuevas
generaciones.
Ensayos
de laboratorio
Nada
se oculta, todo está a nuestro alcance para conocer la verdad
y permitirnos plantarnos en oposición para no aceptar ser
parte de más corrupción y violencia.
Así,
podemos ver que cada momento de la historia sacudido por algún
hecho violento o desgraciado para la humanidad (Crisis del año
30, guerras mundiales, etc.), fue precedido por una prueba a escala,
como un ensayo de laboratorio para demostrar su eficacia.
En
ese orden, esta gran crisis mundial fue adelantada en los Estados
Unidos de Norteamérica con el ascenso del clan Bush a su
gobierno y el terrible caso de la quiebra fraudulenta de la empresa
Enron, en el año 2001.
Como
ya señalé en un artículo anterior, “al
paso del tiempo siguen apareciendo elementos que demostrarían
que se trató de una maniobra ilícita que licuó
millones de dólares; que existen conexiones directas con el
poder central y la familia Bush; que estas conexiones "ensucian"
a gobiernos títeres en todo el mundo (España,
Inglaterra y Francia, así como India, Argentina, Uruguay,
México, Bolivia y Chile, entre otros)...
...En
un proceso que está investigando el mismo Senado de USA,
disfrazó crecientes pérdidas por medio de compañías
testaferras que estableció como socias, mientras infló
artificialmente los beneficios aparentes y el valor de sus acciones,
engañando a los accionistas...”
.
El
Lic Dávalos López confirma estos datos: “...el
daño humano de la quiebra de Enron ha sido enorme; casi 60,000
millones de dólares en capitalización de mercado se han
esfumado al desplomarse el valor las acciones de decenas de miles de
personas que habían invertido en la empresa (sus precios
pasaron de 92 dólares a 25 centavos de dólar)...
Un
nuevo acto: el crash de Wall Street
El
modelo Enron -probado éxitosamente en 2001- se plasmó
en 2008 con el crack económico que se originó en
Estados Unidos y sacudió a los principales “mercados de
dinero” mundiales.
Los
valores del dinero -como ocurriera en otros momentos de la historial-
una vez más se inflaron artificialmente, generando un circuito
falaz de especulación.
Los
bancos alertaron entonces sobre pérdidas multimillonarias y
quiebras masivas, lo que desencadenó una enorme secuencia de
despidos que afectó -y continúa afectando- a miles de
trabajadores.
Es
necesario señalar que la crisis no es la consecuencia de
malversaciones y fraudes, sino que es parte del proceso del negocio,
en el que primero se inflan los valores de las operaciones basadas en
la especulación sobre el dinero y luego se lo hace desparecer
frente a los ojos del público.
El
secreto del truco radica necesariamente en el poder que ejercen las
empresas multinacionales, que es disfrazado como la confianza que
impone la regulación de los Estados capitalistas y que no es
más que el uso de la fuerza que obliga a los seres humanos a
integrarse obligatoriamente al sistema jurídico como público
cautivo.
El
manejo arbitrario sobre las economías de los países
incluye -por la fuerza- a masas de incautos usuarios en lo que se
denomina bancarización.
De
tal modo se tergiversan los elementos fundamentales del sistema
deomocrático: la tan mentada “inclusión” no
lo es en relación a la masa de la riqueza producida, mientras
que los “ciudadanos” se convierten en meros usuarios o
simplemente en “el público”.
El
plan de salvataje modelo Obama
No
tomar conciencia de nuestro poder como ciudadanos nos sentencia a ser
espectadores en una mesa de juego en la que se cambian las reglas
toda vez que los dueños de la Tierra necesitan seguir ganando.
El
sistema capitalista -hasta ayer liberal en los papeles- deviene hoy
en intervencionista promoviendo la entrada en escena de los gobiernos
de los países desarrollados, que utilizarán los fondos
públicos (la riqueza generada por los ciudadanos) para salvar
a los bancos y empresas privadas que quebraron. El argumento es que
así se generarán nuevos puestos de empleo.
El
reciente presidente de Estados Unidos Barack Obama explicó
públicamente que se trata de implementar "un plan de
rescate para la clase media que suponga la inversión
en la creación de puestos de trabajo
y alivie a la gente que ha visto reducida su nómina".
Para
ello se aprobó un plan que asciende a casi 900.000 millones de
dólares para utilizar en dos años y que se inyectará
en bancos y empresas, lo que constituye un doble robo multimillonario
a la humanidad en su conjunto.
Como
plantea Walter Delgado Acevedo, “en esta crisis observamos que
las instituciones más basadas en el mercado se vienen abajo y
corren a pedir la ayuda del Estado. Al final, dicen todos, ese modelo
no funciona. Este momento es señal de que las declaraciones de
liberalización del mercado financiero eran falsas. La
hipocresía entre el modo en el que el Tesoro estadounidense,
el FMI y el Banco Mundial manejaron la crisis asiática de
1997, y el modo en que se está manejando ésta, pinta de
cuerpo entero lo especulativo del mercado que lo convierte en un
casino”.
Nuevamente
el dinero
El
Estado se reconoce como tal por varios elementos característicos.
Según puede leerse en cualquier manual de geografía, un
Estado debe tener:
Max
Weber señaló que el Estado es una organización
que reclama con éxito el monopolio de la violencia legítima
(léase uso del poder de policía para imponer las
leyes).
Al
hablar de mantener una unidad, se da por entendido que el concepto
abarca lo económico y financiero. El Estado es entonces la
unidad política que representa al pueblo y administra la
riqueza de este pueblo, en la que los recursos naturales comunes son
su fuente. Las actividades económicas e intercambios
comerciales deben ser necesariamente regulados por ese Estado. Así,
el pueblo (la gente, los ciudadanos, el común, etc.) es el
legítimo poseedor de la riqueza general.
Por
lo tanto, el Estado ejerce poder sobre el sistema formal de
producción e intercambios. Y lo hace a través del
manejo monopólico del dinero, considerado como un medio de
cambio y medida de valor en el pago de bienes o servicios.
El
dinero sería entonces la representación en cualquier
forma física -como papel o metal- de la riqueza de un país.
Debería entonces estar a disposición del pueblo, para
facilitar las actividades económicas.
Sin
embargo, como señala Silvio Gesell, “gracias
a la división del trabajo, producimos más de lo que
consumimos y es así como emancipados de las exigencias
inmediatas de la vida, podemos dedicar más tiempo, más
provisiones y más trabajo, al incremento o perfeccionamiento
de nuestros medios de producción. Sin la división del
trabajo no hubiéramos alcanzado nunca el nivel actual de
riqueza en medios de trabajo, y sin esos medios, el trabajo no
hubiera rendido ni la décima, ni la centésima, ni aun
la milésima parte de nuestra producción actual...
Excepto
el pequeño cultivador de la tierra que consume casi todo lo
que produce los demás productores están sujetos
incondicionalmente a esa obligación económica de vender
los frutos de su trabajo a cambio de dinero. El dinero es la
condición fundamental de la división del trabajo desde
el momento en que la amplitud que ha experimentado excluye el
comercio de trueque...
Los
productos de la división del trabajo, las mercancías,
están destinadas de antemano para el cambio, es decir tienen
para sus productores el mismo significado que el dinero tiene para
nosotros todos: ellos nos son útiles como objetos de cambio.
Sólo la perspectiva de poder canjear sus productos
(mercaderías) a cambio de otros induce a los productores a
abandonar las formas primitivas de producción y recurrir a la
división de trabajo...
El
dinero como medio de intercambio es la base y condición de la
desarrollada división del trabajo, de la producción de
mercancías. Un medio de intercambio es indispensable para la
división del trabajo....
Pero
es esencial que la fabricación de ese medio de intercambio sea
monopolizado por el Estado. Si cualquier persona pudiera fabricar
dinero libremente y hacerlo a su manera, su multiplicidad lo haría
inútil para llenar su objeto. Todos declararían a su
propio producto como dinero y con ello habríamos retornado al
comercio de trueque...” ( Gesell,
Silvio. El orden económico natural, pág.30)
Así
lo confirma el Premio Nobel de Economía 1974, Friedrich A. von
Hayek, al explicar que
“la ficción es que si hay algún objeto que
claramente puede diferenciarse del resto y ser considerado moneda,
entonces debe ser emitido por el gobierno, si la justicia debe
obligar un pago, entonces debe existir un medio legal de pago, y el
único ente capaz de decidir que es legal o ilegal es el
gobierno.”
La
división económica del trabajo
Al
hablar de división de trabajo se hace referencia
específicamente a la división económica del
trabajo y no a una forma de organización industrial. La
división del trabajo produce objetos de cambio, mercancías,
al contrario que las economías lllamadas primitivas, que
estaban o están orientadas a la satisfacción inmediata
de necesidades básicas.
En
síntesis, Silvio Gesell aporta algunos elementos interesantes
para comprender por qué las personas aceptan un papel-moneda:
“
porque mediante la
división del trabajó se fabrican productos que son
útiles para su productor tan sólo como objetos de
cambio;
porque
el intercambio de productos, a cierta altura de desarrollo de la
división del trabajo, se hace imposible sin medio de cambio;
porque
el medio de cambio por su naturaleza se concibe tan sólo como
dinero público y social;
porque
el Estado, de acuerdo con nuestra concepción, no suministra
otro dinero que no sea papel-moneda;
porque
los poseedores de mercancías se han visto ante la alternativa
de aceptar papeluchos del Estado en cambio de sus mercancías,
o, de lo contrario, renunciar a la división del trabajo, y
finálmente,
porque
los portadores de tales papeluchos no los cedían
gratuitamente, tan pronto se les ha revelado el apremio de los
poseedores de mercancías, forzados a ofrecer éstas a
cambio de aquéllos...”
(Gesell, Silvio, pág. 33)
Las
personas deben aceptar obligatoriamente el uso de la moneda “de
curso legal” porque el Estado exige el pago de tasas e
impuestos en ese medio, así como se requiere papel-moneda para
la compra de bienes. El
dinero entonces se utiliza o se guarda como un objeto valioso en sí
mismo.
Secuestro
de la moneda
Hecha
la explicación del concepto de moneda y su valor, que es
más
histórico que real o físico,
podremos entender cómo se opera para mantener el poder sobre
la riqueza a partir de dominar la moneda.
En
tal sentido, aclara Silvio Gesell: “ El
que posee dinero tiene un derecho a la compra inmediata, pero nada
más. Un derecho al interés es incompatible con el
concepto del dinero, puesto que tal derecho equivaldría a un
impuesto privado al intercambio de mercancías, con ayuda de
una institución pública...
El
derecho al interés
vendría a ser un derecho a interrumpir el intercambio mediante
la retención del dinero, para colocar así a los
poseedores de mercancías, que lo aguardan, en situación
de apremio, y aprovechar ésta para la extorsión de
intereses...”
(pág.96)
Siguiendo
esta línea de pensamiento, el dinero tradicional obtiene su
interés del proceso de la circulación y no de la
producción que generan quienes lo utilizan. Otra vez Silvio
Gesell para definirlo: “Él
exprime directamente de la sangre del pueblo”.
El
capitalismo utiliza el poder del Estado para proteger la propiedad
privada. La riqueza acumulada durante siglos de robo y conquista se
encuentra encerrada simbólicamente en los bancos. Desde allí
se repite diariamente -con total impunidad- el delito cometido contra
la humanidad: el secuestro y cobro extorsivo del rescate por el uso
del dinero.
Dominación
cultural
Si
nos resulta muy difícil entender la explicación que
leemos, vemos o escuchamos en los medios de comunicación en
boca de economistas o de los ministros de economía de turno,
debemos pensar ante todo que no es señal de poca inteligencia
o preparación, sino más bien el montaje de un engaño.
Se
cuenta que Raúl Scalabrini Ortiz decía que los
problemas económicos y financieros eran muy sencillos de
entender, bastaba sólo con saber sumar y restar; que cuando a
alguien le explican algo y no lo entiende se debe preguntar hasta
entender, y si se sigue sin entender es porque a ese alguien lo
quieren robar.
El
capitalismo ejerce la dominación sobre la economía, y
desde allí reproduce su sistema de pensamiento, especialmente
con herramientas poderosas como la educación. Los economistas
salidos de las universidades han acumulado toneladas de teorías
acerca de crisis, inflación, recesión, desocupación,
etc. A cual más compleja, utilizan fórmulas y confirman
leyes que resultan incomprensibles para la gran mayoría. Se
garantizan así el derecho a constituirse en únicos e
imprescindibles interlocutores especialistas a la hora de intervenir
en temas económicos. Y confirman de esa forma el manejo y robo
de los recursos y la riqueza de los bienes de la humanidad.
Economías
alternativas
Hasta
aquí podemos ver cómo el sistema capitalista genera
situaciones que rompen con las reglas naturales y con los
antecedentes históricos, apropiándose de los
conocimientos y técnicas desarrollados a lo largo de millones
de años por el conjunto de los seres humanos anónimos,
que utilizaban los conocimientos anteriores como punto de partida
necesario para un nuevo avance. Se trata entonces de bienes comunes,
por herencia de nuestros antepasados.
Apropiarse
de los recursos naturales, de la tierra o del agua, de la ciencia y
la técnica, es como apropiarse y cobrarnos la propiedad
intelectual sobre el fuego, o los conceptos de hogar, amor, paz o
trabajo.
Tal
sistema antinatural, que busca simplemente reproducir sus ganancias,
no puede dar respuesta a las necesidades de la gran mayoría de
la humanidad. Como consecuencia de ello, debe convivir con otras
formas de producción e intercambios, a las que se denomina
generalmente economías informales, economías de
subsistencia, economías alternativas, etc.
Cuanto
más profundas son las crisis o cracks del sistema capitalista,
más visibles se hacen los emprendimientos informales. Los que
deben ser reconocidos, aceptados e incluso presentados como ejemplos
por los mismos Estados.
En
este orden se inscriben las economías basadas en los
intercambios directos de bienes de producción o trueque, que
pueden -o no- utilizar “moneda interna” para su
funcionamiento.
En
ese orden también deben ser consideradas las economías
de subsistencia, en las que sólo se produce e intercambia para
sostener las necesidades básicas.
En
estas instancias no se verifica pues la división del trabajo y
la acumulación de bienes.
Promoción
y venta de mentiras
La difusión de
indicadores económicos negativos y datos sobre inflación
y desocupación producen malestar en las poblaciones. Este
malestar puede producir estallidos no controlados, por lo que la
sensación de inestabilidad debe neutralizarse a fin de
mantener la preeminencia del Estado por sobre cualquier mirada
crítica.
Los movimientos de
economía libre y natural se levantan como modelos de éxito
frente a los modos de producción basados en la concentración
de la riqueza en pocas manos, lo que desprestigia aún más
al sistema imperante.
Para el establishment es
fundamental mantener el control, por lo que destina dinero “de
aquellos fondos secuestrados” para tentar a quienes comienzan a
andar por el camino de las mal llamadas economías
alternativas. Un modo de controlar a los disidentes es mantenerlos
-sin que lo sepan- en el sistema capitalista. Para ello, se promueve
la creación de cooperativas o empresas sociales, y se les
brinda luego préstamos o subsidios para su funcionamiento.
El trabajo con un sistema
cooperativo en el seno de un sistema capitalista, bajo las reglas
impuestas a partir de recibir un préstamo que genera
obligaciones, es el mejor modo de sentenciar al fracaso a quienes se
empeñan en encontrar nuevos modos de producción y
relaciones económicas.
El Estado cautivo del
capital promueve entonces la actividad cooperativa pero no modifica
las reglas que manejan la economía, manteniendo la situación
de poder que ejercen las grandes empresas y la banca.
El resultado es
previsible: si las nuevas cooperativas logran producir bienes, no
lograrán romper la cadena de comecialización y del
mercado que manejan los emporios.
Por un breve lapso, los
socios de dichas cooperativas tendrán trabajo y canalizarán
su malestar, silenciando su oposición. Al fin, el fracaso de
la acción cooperativa constituye la mejor defensa para la
continuidad del sistema capitalista.
La
vida, ¿patrimonio de la humanidad?
El poder capitalista
avanza hasta límites increíbles, tanto como para lograr
que los Estados permitan manipular las leyes para su exclusivo
beneficio, apartándose del bien común y la defensa del
más débil.
Es
el caso de permitir el usufructo de bienes naturales de la humanidad,
como los vegetales que fueron desarrollados por siglos de trabajo
cooperativo por parte de millones de seres anónimos, en lo que
se conoce como “Revolución agraria”.
El paso de una vida
nómade a una sedentaria, en la que pudo reunirse un excedente
de alimento a partir de la práctica de la agricultura, se
debió al conocimiento del ciclo natural de los vegetales y a
su cuidado a lo largo de muchísimo tiempo, lo que posibilitó
el desarrollo y crecimiento -a su vez- de las reservas de las
plantas, en lo que se conoce como proceso de domesticación de
los vegetales.
Al vivir en estado
salvaje, las plantas estaban obligadas a utilizar sus reservas (por
ejemplo hidratos de carbono en forma de almidón), de modo que
esas reservas eran reducidas.
El cuidado
(domesticación) -realizado por los seres humanos- posibilitó
que las plantas no requirieran esas reservas, las que se fueron
acumulando, aumentando el volumen y sirviendo a los fines de la
alimentación humana.
En consecuencia, una
papa, el maíz, trigo, etc., son como los conocemos hoy, por
obra de esa notable relación con la humanidad. Se requirieron
millones de seres para lograrlo, en lo que constituyó un
triunfo de la humanidad por sobre los avatares de la naturaleza.
Desconociendo a la misma
naturaleza y a ese dramático paso cooperativo de la humanidad
a una nueva forma de vida, los Estados le dan la razón a las
grandes empresas multinacionales y en el marco del sistema que
postula la propiedad privada, determinan actualmente el
reconocimiento legal a esa propiedad a partir de las famosas
patentes.
El avance de la ciencia
sólo puede entenderse como el acopio y progreso de aquellos
conocimientos cooperativos y universales.
Sin embargo, en la
actualidad hemos reconocido la propiedad legal que ejercen sobre la
misma naturaleza unos pocos seres desaprensivos que lucran con ella a
costa de destruir los recursos y dejar a millones de seres humanos
sin los elementos básicos para una vida digna.
Para dar un ejemplo,
baste señalar a Monsanto, empresa que patentó a su
nombre el poroto de soja, al mejor estilo de una divinidad absoluta
que crea vida de la nada, como si la soja no hubiera tenido
existencia previa hasta su intervención y manipulación.
Invito a leer el artículo “Ecuación
latinoamericana siglo XXI: concentración económica +
déficit sanitario + manipulación informativa =
subdesarrollo + esclavitud + muerte” en Margen Nº 42
(http://www.margen.org/suscri/margen42/monsanto.html)
El
desarrollo tecnológico y la dominación capitalista
Las multinacionales
impulsaron a los gobiernos títeres de América Latina a
tomar el poder en sucesivas oportunidades para destruir las economías
regionales y los sistemas productivos de desarrollo autónomo.
Estos gobiernos
persiguieron a los opositores y combatieron a los que llamaron
comunistas, pantalla que sirvió, entre otras cosas, para
vaciar las universidades y copar los sistemas educativos. Perseguidos
o sin empleo, miles de científicos y técnicos de alto
nivel de capacitación debieron partir al exilio o emigraron
tras un empleo. Es el fenómeno conocido como “fuga de
cerebros”.
El país posibilitó
su vida y su desarrollo (salud, seguridad, educación, etc.) La
universidad los formó con un nivel de excelencia. Y ante el
ahogo militar, debieron constituir la legión de empleados de
empresas multinacionales que -sin invertir nada en su formación-
aprovecharon la inversión realizada por cada país de
origen para hacerlos trabajar en proyectos que determinaron la
creación o construcción de elementos que luego fueron
vendidos a nuestros países a altos precios, por obra del alto
valor agregado que aporta la tecnología.
En el colmo del
pensamiento positivista, nos hacen creer que en nuestros países
pobres no estamos en condiciones de pagar sueldos altos acordes a la
tarea de la investigación y desarrollo científicos, que
sólo lo pueden hacer los países ricos. Sin embargo,
nuestros científicos son preparados, aún hoy, por
nuestras universidades. Y somos nosotros quienes pagamos por el
producto de sus investigaciones.
Entonces contamos en
realidad con capacidad suficiente para la capacitación y
también para pagar por el producto. Sin embargo, caemos en un
círculo vicioso que nos aleja cada vez más de una
independencia real.
Cooperativismo
y software libre
Si consideramos que la
evolución de la ciencia y las técnicas no podría
verificarse sin el aporte de los conocimientos anteriores producidos
por la humanidad entera, veríamos que la libertad para
apropiarse y patentar inventos o desarrollos tecnológicos es
el primer postulado del sistema capitalista, el cual requiere del
engaño y la confusión para su institucionalización
y aceptación por parte de los pueblos.
Los medios de
comunicación verificaron un avance explosivo desde el primer
cuarto del siglo XX.
A partir de allí,
la tecnología de la información y la comunicación
constituyó un elemento de gran importancia para lo que se ha
denominado “globalización”.
El manejo de los sistemas
informáticos es otro elemento que ha ingresado en los anales
de los robos a la humanidad y forma parte del sistema de
transferencia de riqueza, a la vez que es útil como
herramienta de subordinación al poder imperial.
El control de los
recursos informáticos, especialmente de los programas
(software) que pagan derechos de uso, en especial a la empresa
Microsot (propietaria de las patentes de Windows, Office, etc.)
genera una dependencia notable.
SI no existieran otros
recursos, nada podríamos decir. Sin embargo, existen otras
opciones en sistemas operativos y programas (software), quizás
más estables y seguros que los ofrecidos por Billa Gates. En
ese orden, quizás el más conocido sea Linux.
La filosofía del
software libre consiste en un hecho más de la libre expresión,
que no puede ser coartada ni utilizada como elemento de intercambio
monetario.
El software libre permite
a las personas ejecutar, copiar, distribuir, estudiar, cambiar y
mejorar los programas. Se plantean cuatro tipos de libertades para
sus usuarios:
- La libertad de ejecutar el programa, para cualquier propósito.
- La libertad de investigar cómo trabaja el programa y adaptarlo
a sus propias necesidades. Para ello es condición el acceso
libre al código fuente.
- La libertad de redistribuir copias para que pueda ayudar a todos por
igual.
- La libertad de mejorar el programa y publicar sus mejoras y versiones
modificadas en general, para que se beneficie toda la comunidad. Como
se dijo, el acceso al código fuente es una condición
necesaria.
Las miles de computadoras
que se usan en un país, podrían ahorrarse el pago de
las patentes de propiedad intelectual de Windows (sangría que
ocurre en nuestros países en millones de dólares).
Ese dinero serviría
para desarrollar capacitación y desarrollo en software libre,
sistema autónomo y cooperativo.
Pobreza
en la riqueza
En
el referido artículo del año 2001 que da pie a esta
nota, al hablar de Formas de producción alternativas,
expresaba que “La
utilización de sistemas económicos no formales
constituye una respuesta concreta y conciente a la condena como
colonias que nos impusiera el capitalismo, proceso descrito por Franz
Hinkelammert al decir que:
'... la
transformación de América Latina en periferia tampoco
puede ser explicada simplemente por su aceptación del libre
comercio. Un comercio se puede ejercer solamente si hay bienes o
servicios para comercializar. Si el comercio de exportación
comprende bienes manufacturados, un comercio de importación
solamente es concebible si hay la posibilidad de exportar bienes no
manufacturados, esto es materia prima y productos agrícolas....
La riqueza natural es, por lo tanto, la condición adicional
para que el comercio libre pueda convertir una determinada región
en periferia...
. ..la
existencia de periferias desequilibradas puede producirse solamente
en regiones con dotaciones naturales muy ricas. Esto es lo contrario
de lo que supone el sentido común... El sentido común
se sorprende frente al hecho de que América Latina sea tan
pobre a pesar de tener una riqueza natural tan grande. La verdad es
al revés. América Latina es tan pobre justamente porque
la riqueza natural de que dispone permitió su transformación
en periferia desequilibrada, y por lo tanto en región
subdesarrollada...'"
Conclusión
Por lo expuesto hasta
aquí, planteo en este artículo que no deberíamos
hablar de economías alternativas cuando hacemos referencia a
formas solidarias y cooperativas, a modos de producción como
lo son las llamadas economías de subsistencia o a prácticas
que promueven la utilización de los recursos naturales en el
marco de un desarrollo sustentable.
Por lo mismo, planteo que
no podemos hablar de economía si no ponemos en tela de juicio
al mismísimo capitalismo que se alza poderoso sobre un
continente conquistado; enseñoreado encima de los habitantes
originarios asesinados y perseguidos; erguido sobre la esclavitud y
expoliación a que se sometió a los descendientes de los
primeros habitantes y a los nuevos americanos sentenciados también
a constituir la mano de obra requerida para la generación de
su riqueza.
Con estos dos elementos a
considerar, estaremos en condiciones de encarar la construcción
de nuevos modelos de desarrollo económico, respetuosos de la
naturaleza, solidarios y cooperativos.
En otra oportunidad
hablaremos de cooperativismo. Quiero finalizar este artículo
recordando algunos principios de cooperación colectiva
señalados por el maestro Raúl Scalabrini Ortiz:
- Primero:
Principio del hombre colectivo, porque la voluntad del número,
que es como el apellido de la colectividad, debe tener primacía
sobre lo individual. Ni la riqueza ni el ingenio ni la sabiduría
tienen derecho a acallar o burlar la grande voz de la necesidad de
cada conjunto colectivo, que es la voz que más se aproxima a
la voluntad de destino.
- Segundo:
Principio de la comprensión del hombre, para que esta unidad
compleja esté siempre presente con sus necesidades biológicas,
morales, intelectuales y espirituales y no se sacrifique jamás
la realidad humana a una norma abstracta o un esquema desprovisto de
vida.
- Tercero:
Principio de protección al más débil, para que
se elimine la ley de la selva y se establezca una verdadera
posibilidad de igualdad. Todo lo que no se legisla, se legisla
implícitamente a favor del fuerte. La igualdad teórica
es una desigualdad práctica a favor del poderoso.
- Cuarto:
Principio de la comunidad de la riqueza natural, porque la propiedad
es una delegación de la fuerza de la organización
colectiva que la hizo posible y la mantiene.
- Quinto:
Principio de la utilidad colectiva del provecho, para que nadie tenga
derecho a obtener beneficios de actividades perjudiciales o inútiles
para la sociedad y por tanto toda ganancia o lucro del ingenio ajeno
o de la retención infructuosa de un bien, debe ser
considerados nulos e ilícitos en la parte que no provienen del
trabajo o del ingenio propio. -9-
NOTAS
BIBLIOGRAFÍA
Gesell,
Silvio, “El Orden Económico Natural”. Publicado
por E.F. Gesell, Buenos Aires, 1936